viernes, 19 de octubre de 2012

Taxi User

En la última entrada que escribía hablaba de un viaje a Encarnación. Eso fue ya hace algunas lunas. Los últimos tiempos, los días se precipitaron, confluyendo hacia una gran cascada, un salto de agua que se precipita violentamente hacia una vuelta. Unir dos puntos doblando un papel...

La principal característica del viaje a Encarnación fue el tiempo en ruta. Distancias asumibles que por la situación de las carreteras (caminos de tierra en ocasiones, tierra rojiza y dura que cuando recibe unas gotas de agua se convierte en un lodo rojizo y pastoso, sangre y saliva de la madre gea) se convierten en interminables condenas dentro de cafeteras rodantes. Para colmo, en Paraguay (y en otros tantos países), cuando uno agarra transporte público sabe cuándo sale, nunca cuando (o si acaso) llegará. Y en esas estábamos, volviendo de Encarnación a Villarrica, destino de la compi A., y luego hasta Coronel Oviedo para cambiar de colectivo (autobús) que me llevara de vuelta a Curuguaty. Bajarse del formidable esqueleto metálico mientras cambian el cartelito que anuncia del destino "Cnel. Oviedo" por "Asunción". Las terminales de bus en Paraguay pueblan sus dársenas con vendedores profesionales de cualquier cosa, incluidos los que te atrapan con su voz desde que sales en el bus hasta que te montas en otro bus de su compañía para seguir el viaje. "¿Asunción? ¿Asunción?" "Curuguaty, ¿sabes cuándo sale?". Tres posibles respuestas: ignorarte porque ese servicio lo ofrece la competencia, indicarte con el dedo o soltarte una ininteligible parrafada en guaraní y dejarte como al principio.

"Disculpe, ¿para ir a Curuguaty?" Coronel Oviedo, recordad, donde lxs niñxs y lxs perrxs sobreviven, donde los vendedores de billetes solo tienen el tiempo justo para informarte del destino del bus de su compañía y del precio del billete.Y así pasa una hora, hora y media, hora y tres cuartos... absorto en la frenética pero tranquila lucha por la supervivencia de la fauna de la terminal. Y en estas se acerca un chaval uniformado: "¿Curuguaty, señor?" "Sí, ¿viene el colectivo?" "No, pero hay un taxi que va para allá, acabo de mandar a dos personas, si está interesado..." "¿Y por cuánto me podría salir?" "¿Unos 60 o 70.000 guaraníes? El colectivo no pasa hasta las 9:30 señor"... 60.000 guaraníes a algo más de 1/5000 el cambio hace un total de 12 euros para un total de 200 kilómetros. Es eso o esperar 4 horas más después de dos días sin dormir apenas y un total de 22 horas en autobuses zombies. "Ok, me quedo con el taxi".

Así que el señor me da indicaciones, cruzo dos carreteras con tráfico demencial jugándome la vida dando muestras de lo aprendido en lo que va de estancia en Paraguay y tras mucho mirar veo el taxi... a medida que me acerco veo el asiento del copiloto ocupado y tres personas en la parte de atrás. Mi lógica cultural me dicta: "Bueno, será que alguno se baja, o si no vamos a ir muy apretaditos detrás". El taxista me da la mano, abre el maletero y yo dejo mi mochila. Mientras la suelto veo un colchón y oigo: "Entre". Instantáneamente entro... el coche arranca y entonces me doy cuenta que en el maletero, junto con un ventilador y varios macutos, viajo rumbo a no sé dónde... ¿Y si me están secuestrando? ¿Cómo puedo ser tan inconsciente? ¿Mando un mensaje a alguno de los compañeros de la mancomunidad para decirle dónde estoy por si sucede algo? En primera clase la conversación es animada, pero hay una barrera idiomática que me impide participar. Guaraní, yopará, qué-sé-yo. El cansancio, además, me sume en mis pensamientos, ahora mezcla de fascinación y éxtasis. El sol se está poniendo tras una interminable pradera donde pastan vacas.

Ese fue mi primer contacto con el taxi, pero no el único. Hace ya una semana planeaba una de las visitas obligadas: Iguazú. Conociendo el funcionamiento de estos taxis comunitarios, sumándole a ello que no hay autobuses que unan Curuguaty con Foz de Iguazú, con la ayuda del patroncito del hotel dónde tenía mi residencia en Curuguaty, volví a recurrir a los servicios de este tipo de taxis. Por 80.000 guaraníes Curuguaty - Ciudad del Este. Y a la vuelta de Iguazú, otro taxi salvador, en Cruce Carolina, donde me depositó un colectivo que hacía la ruta entre Ciudad del Este y Corpus Christi, al rescate del enésimo colectivo descompuesto, con 10 personas en un turismo (taxista, copiloto, mujer con hijo, servidor, señor taciturno en los asientos disponibles, y señor con dos hijos y señor preocupado por no perder el colectivo a Ype Jhu en Curuguaty, estos últimos hacinados en el maletero).


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